CORPUS PAULINO  
   
  INFORMACIÓN GENERAL DEL CURSO    
 

 

Para comenzar este curso, lo primero que conviene hacer es tomar conciencia de lo que significan las Cartas de San Pablo en el conjunto de la Revelación, así como la trascendencia que han tenido en la historia de la Iglesia. Como sabemos, sus Cartas no son tratados de Teología; sin embargo, contienen tal riqueza teológica, que son indispensables para comprender y profundizar en el Misterio de Cristo. No se concibe un buen estudio de Sagrada Escritura sin las Cartas Paulinas. Ocupan un volumen considerable en el conjunto de escritos del Nuevo Testamento, y son citadas continuamente por todos aquellos que tratan de reflexionar sobre el mensaje de Jesús, como ha sucedido desde el nacimiento del Cristianismo.

 

Como un estímulo para nosotros, habría que tener en cuenta también el florecimiento de los estudios bíblicos, en la segunda parte del S. XX, a partir del Concilio Vaticano II, no sólo entre los especialistas, sino en el pueblo cristiano en general. Se han multiplicado los centros bíblicos, los grupos de estudio, y ha crecido el interés de muchos hombres y mujeres, comprometidos con su fe. Este fenómeno, naturalmente, nos obliga a estar mejor capacitados para el servicio que se nos pide, en medio del Pueblo de Dios. Encontramos hoy muchos hombres y mujeres familiarizados con los escritos de Pablo, que esperan hallar en nosotros personas capacitadas para dialogar en torno a su teología.

Un curso de esta naturaleza e importancia no puede hacerse con fruto sin una dedicación seria. Supone tiempo suficientemente largo y espacio amplio de reflexión, para poder profundizar en su contenido. La honda experiencia del Apóstol, que nos transmite en sus escritos, merece una generosa atención de nuestra parte. Como sabemos, un curso así trasciende el ámbito académico para alcanzar nuestro nivel personal de fe, y se proyecta en nuestro testimonio y acción cristiana. A través de sus Cartas, Pablo nos anuncia su “Evangelio”, que despierta en el corazón la esperanza: el amor incondicional de Dios se nos ha revelado en Jesucristo, el Liberador. Sólo espera de nosotros la respuesta de la fe.

Si de Jesús no podemos reconstruir su vida, en el sentido moderno de la biografía, de Pablo, en cambio, podemos trazar un perfil biográfico. A diferencia de los otros protagonistas del Cristianismo naciente, la investigación histórica sobre Pablo puede contar con una documentación amplia y excepcional. En primer lugar, las trece cartas, de las cuales siete son reconocidas como ‘auténticas’, es decir, escritas o dictadas personalmente por Pablo. Tenemos, además, los datos que proporciona el libro de los Hechos de los Apóstoles sobre su situación en el judaísmo previa a su ‘conversión’, el encuentro con Jesús y sus viajes misioneros. Desde estos escritos-fuente podemos calibrar la estatura humana y espiritual del Apóstol fundador de comunidades en las grandes metrópolis del imperio romano.

Aunque las cartas de Pablo son escritos ocasionales, y no ofrecen un compendio sistemático y exhaustivo de la teología cristiana, sin embargo, revelan su capacidad de reflexión creativa, y desde su experiencia, nos estimulan en nuestra propia reflexión y testimonio cristiano. Entre otros frutos,  nos ayudan a ver cómo relee Pablo el AT, para iluminar puntos concretos de la vida de sus comunidades. En otras palabras, nos ofrecen pistas de inspiración para comprender la unidad del  mensaje bíblico del AT y del NT.

OBJETIVOS:

Lo que pretendemos en este curso, podemos sintetizarlo así:

  • Adquirir familiaridad con los escritos paulinos en general, y previamente, una información fundamental sobre el mundo de S. Pablo.
  • Ubicar las Cartas Paulinas en el conjunto del Nuevo Testamento, con sus características literarias y teológicas propias.
  • Situar cada uno de los escritos paulinos en la realidad del Siglo I correspondiente a la comunidad destinataria respectiva.
  • Adquirir destreza en el manejo del método exegético que va a ser utilizado para el análisis de los textos seleccionados.
  • Lograr una comprensión fundamental de la Teología contenida en sus Cartas, particularmente de la Cristología, con referencia a la realidad actual de nuestra comunidad eclesial.

METODOLOGÍA:

Descripción de la comunidad destinataria:
Aunque el objetivo principal es estudiar el texto paulino, sin embargo, para entender su significado, es muy conveniente tener una información básica sobre la realidad histórica de tal comunidad: cuál fue su origen, cuál era su situación geográfica, política, económica, religiosa. En una palabra, el contexto que Pablo tiene en cuenta cuando  escribe. Antes de comenzar el análisis del texto, es necesario establecer el contexto de la comunidad, hasta donde sea posible. La primera fuente es el escrito mismo de Pablo; luego, servirse de los comentarios disponibles, de los recomendados en la bibliografía o de algún otro. Y tomar nota de los elementos que parezcan de mayor relieve. Como en el resto de los pasos exegéticos, no se recurrirá a los comentarios hasta no haber agotado el trabajo personal de análisis, de investigación, de reflexión y de intentar una interpretación personal. Sólo hasta este momento se deberá acudir a los comentarios de otros autores. En realidad, se trata de descubrir los elementos que influyen en el autor, desde el entorno, no sólo de la comunidad concreta, sino de su mundo. El autor es ‘hombre de su tiempo’.

Luego, hacer varias lecturas del texto de la carta cuyo texto se va a estudiar, y notar sus características: estructura, estilo, vocabulario, contenido teológico. Lo más importante es leer y releer el texto de las Cartas. Después, determinar el texto que va a ser estudiado exegéticamente (en el caso en que no haya sido previamente señalado), y proceder a la exégesis. ¿Cuál es el método que se va a utilizar? Como presupuesto del trabajo exegético está la convicción de que la comprensión de un texto bíblico no es espontáneamente fácil. Es necesario desentrañar el significado de sus elementos, para llegar a su mensaje de fondo. Hay una distancia de muchos siglos entre la fecha de su composición y nuestro momento histórico. Por eso, es necesaria una metodología.

Pretendemos hacer una lectura científica de los textos, diferente de una lectura inmediata (la que se funda en impresiones subjetivas y superficiales). Y para eso, es necesaria la exégesis, que, más que una ciencia, es un conjunto de ciencias. Para comprender un texto bíblico, debemos servirnos de toda una serie de instrumentos, y realizar una serie de operaciones sucesivas:

  • establecer, a partir de los manuscritos, un texto lo más cercano posible al original (trabajo que realizan los especialistas en Crítica Textual. Nosotros nos apoyamos en estos trabajos ya hechos);
  • resolver los problemas gramaticales;
  • investigar el sentido de los términos;
  • distinguir las proposiciones (afirmaciones o tesis) principales del autor;
  • catalogar los documentos históricos a nuestro alcance que permiten situar el texto en el ambiente en que fue producido;
  • identificar su género y ‘forma’ literaria: narración, leyenda, poesía, parábola, etc.;
  • rastrear, en cuanto sea posible, las fuentes utilizadas por el autor final.

En este curso, seguiremos preferentemente el análisis de corte estructuralista o sincrónico, pero no sólo. Acudiremos también a algunos recursos de los Métodos Histórico-Críticos. Para una mayor información de lo que son estas corrientes metodológicas, se puede consultar alguno o algunos de los libros recomendados en la bibliografía. De una manera especial, recomiendo el documento de la Pontificia Comisión Bíblica La Interpretación de la Biblia en la Iglesia, de 1993, donde se puede encontrar una visión, aunque sintética, suficientemente amplia y actual de los métodos bíblicos y “acercamientos” utilizados en nuestros días (por ejemplo, el liberacionista, el sociológico, el feminista, etc.).

Antes de hacer una descripción del método concreto que seguiremos en este curso, conviene tener clara la distinción entre la corriente Histórico-Crítica y la Estructuralista. La primera, que se explica en varios métodos, como su nombre lo indica, se interesa por la formación histórica del texto: cuáles fueron las vicisitudes por las que tuvo que pasar el texto, desde su nacimiento hasta llegar a nosotros, a través de una larga y penosa elaboración. Experimentó varias etapas, antes de llegar a su estado definitivo. Para explicar su recorrido de formación, a lo largo de su historia, esta metodología elabora y propone diversas hipótesis. Por tanto, aunque tenga serias bases, varias de sus suposiciones no dejan de ser conjeturas.

DESCRIPCIÓN DEL MÉTODO:

Después de hacer una lectura repetida del texto que se va a analizar (de preferencia en su contexto, inmediato y mediato), se pasa a ejercitar alguno o alguno de los métodos que a continuación se exponen:

MÉTODOS HISTÓRICO-CRÍTICOS:

Los métodos que componen esta corriente son:

  •  Crítica Textual: teniendo en cuenta que el texto bíblico que ha llegado hasta nosotros recorrió un largo proceso de formación, toma conciencia de su transmisión y de su existencia en varias formas, en diferentes momentos históricos. Los textos del NT son producto de un proceso muy largo, que duró siglos, de reelaboración y transmisión oral y escrita. Será, pues, la primera operación de la exégesis científica: establecer, en cuanto sea posible, el texto más cercano al original (dado que los originales no existen), de acuerdo a la aplicación de los criterios propios de este método (por ejemplo: “La lectura más difícil se debe preferir”, en la comparación de varias posibilidades de una misma unidad textual). Puesto que existieron muchos ejemplares de los libros bíblicos, siglos antes de la existencia de la imprenta, que eran fruto de copias que a su vez se volvían a copiar, para su difusión, era inevitable, a lo largo de ese proceso, incurrir en errores. Pero también se daba la posibilidad de modificaciones voluntarias. De ahí las miles de variantes (palabras y aun frases diferentes en copias de un mismo texto), que son el objeto de estudio de la Crítica Textual.
  • Crítica Literaria: investiga el uso y la incorporación de las fuentes posibles que influyeron en la composición del texto. Atiende a los elementos siguientes: estilo literario, vocabulario, continuidad o rompimiento del pensamiento, palabras o afirmaciones de enlace, duplicados o repeticiones, sub-unidades claramente definidas, datos espacio-temporales. Señala si en la composición del texto hay elementos griegos y/o judíos, y cuáles son.
  • Crítica de las Formas: estudia los géneros literarios diversos, así como las formas que se encuentran en el texto. Género es la “forma” que tiene mayor extensión (Evangelios, Hechos de los Apóstoles, Cartas, Apocalipsis); “forma” es una unidad literaria más pequeña (himno, parábola, narración de milagro…); “fórmula” es un giro o manera de hablar breve y  expresiva. Todavía este método trata de situar un género determinado en su “Sitz im Leben” (situación vital en que se compuso).
  • Crítica de la Tradición: Trata de rastrear el origen y la naturaleza de las tradiciones que dieron expresión a la comprensión de las comunidades, y cómo esas tradiciones se fueron transmitiendo en forma de relatos, dichos, cantos, poemas, confesiones, credos. En el caso de los textos bíblicos, se trata de relatos y materiales diversos que las comunidades consideraron sagrados y normativos en la definición de su fe y de su práctica. Se puede incluir aquí la consideración de los textos paralelos al pasaje que se estudia, por la luz que pueden arrojar en su comprensión, ya sea por el posible influjo que tuvieron o pudieron tener en el autor o simplemente para ver cómo tal punto o tema se ilumina desde otro texto bíblico que trata un tema semejante.
  • Crítica de la Redacción: Aplica su atención, no ya a pequeñas unidades, sino a amplias secciones y, si es posible, a libros enteros. Es un correctivo a cierta obsesión por fijarse demasiado en unidades literarias pequeñas. Trata de descubrir la contribución personal de cada autor, viendo, por ejemplo, si ha hecho mejoras estilísticas al material recibido de la tradición, si ha omitido alguna frase o expresión, si ha hecho alguna transposición de materiales, etc. Busca llegar a establecer las grandes líneas de la reflexión teológica del autor, que serán un indicativo de la intención que tuvo al redactar su escrito.

MÉTODOS DE ASPECTO SINCRÓNICO (o de ANÁLISIS SEMIÓTICO):

Consideran el texto como una elaboración estructurada y coherente en su conjunto, cuyos elementos constitutivos se hallan en relación mutua. Aunque todo texto forma parte de un proceso más amplio de comunicación, esta metodología se mueve dentro de los límites del texto considerado en sí mismo, sin pasar a investigar lo que queda más allá de él, en el recorrido histórico. El análisis sincrónico trata de hallar las relaciones entre los elementos interiores del texto y las relaciones entre el texto y  los elementos extratextuales.

Se realizan varios tipos de análisis (se notará que, a pesar de la diversa perspectiva, entre esta metodología y la histórico-crítica, hay aspectos que se repiten):

  • Lingüístico-morfológico-sintáctico: destaca los signos lingüísticos y la gramática que enlaza los elementos: ¿qué tipo de vocabulario, de verbos pesan más en ese texto? Un texto, por ejemplo, con muchos imperativos indica órdenes o instrucciones. Se señalan también los sustantivos, adjetivos, pronombres, partículas diversas, como preposiciones, etc. ¿Qué tipo de oraciones son utilizadas? ¿Cuál o cuáles son las principales (éstas transmiten el pensamiento principal)? ¿Cuáles son las secundarias (en términos gramaticales, las “circunstanciales”)?  Ejemplos de estas últimas: condicionales, causales, adversativas, temporales, etc.
  • Estilístico: cuáles son los procedimientos de estilo que se perciben: fónicos (los que atienden a los sonidos. Ayuda leer el texto en voz alta): la onomatopeya, la rima; la repetición (de palabras o frases), el paralelismo, que es procedimiento muy frecuente en la poesía hebrea; la ironía; la comparación; la hipérbole (exageración); la antítesis.
  • La constitución y estructura de un texto: se descubre por la disposición de los elementos: la repetición y orden de las palabras; la inclusión (composición de un texto entre dos elementos iguales o semejantes, uno al principio y otro al final, como indicando los límites de dicho texto); el quiasmo (procedimiento de disponer en orden inverso, en dos períodos consecutivos, sus componentes comunes, de modo que resulta una especie de “x”. Ejemplo: Jer 6,25, en el texto hebreo: “No salgan al campo, por el camino no anden”). Además, la estructura de un texto se puede notar en varios recursos lingüísticos, como: cambio de la narración y del discurso directo; cambio de tema; cambio de lugar y tiempo; introducción de nuevos personajes; acumulación de notas estilísticas, sintácticas y semánticas; fórmulas como frases de iniciación; partículas; epígrafes y directrices.
  • Análisis semántico: trata de encontrar el significado de las palabras y frases. Para ayudarnos a determinar este significado, tenemos a nuestra disposición buenos instrumentos: los diccionarios bilingües y las concordancias bíblicas. El significado concreto depende del contexto, que puede ser geográfico, socio-político, histórico y literario, es decir, la realidad en la cual los textos se han encarnado. El conjunto de relaciones entre “significado” (plano del contenido) y “significante” (las formas que expresan tal contenido) permite crear el “campo semántico” (conjunto de palabras relacionadas entre sí mediante un significado similar). Incluye el análisis o componente narrativo: la organización de los enunciados de un texto en una serie ordenada de estados y de transformaciones. El análisis narrativo es el punto de partida desde la superficie, contrapuesto al análisis discursivo o temático, que va hacia la estructura profunda.
  • Análisis pragmático: estudia las relaciones entre los signos y los usuarios, es decir, de los fines y efectos de los signos en la conducta; el efecto que el texto ejerce en el lector, y tiene en cuenta especialmente la situación concreta de comunicación y de acción.

 

Dentro de la corriente sincrónica, merece especial atención el Análisis Retórico: de desarrollo reciente en su aplicación a la Biblia, más que un método entre otros, es una etapa en la investigación exegética. Apunta a la comprensión de los textos, trata de resaltar su composición, de establecer sus límites. Más que en el análisis de perícopas o textos breves, su mayor aportación se halla en los niveles superiores, en los conjuntos de pasajes que constituyen las secuencias, en los conjuntos de secuencias que forman las secciones, y en una palabra, en el libro en su totalidad. Llama la atención sobre la capacidad persuasiva y convincente del lenguaje. Cfr. Un nuevo método para comprender la Biblia: El Análisis Retórico, de R. MEYNET, en: www.StudiaRethorica

La primera figura de la retórica es la repetición o “binariedad”: es la característica fundamental de la retórica bíblica. Ejemplos: Lc 5,1-3; Sal 114; Lc 11,31-32; Gn 40-41: dos sueños de José. Y pone atención también a las construcciones concéntricas, con una pregunta en el centro, por ejemplo: Am 2,6-16 (v. 11cd); Am 3,1-8 (vv.4-6); Am 6,8-14 (v. 12); Lc 5,17-26 (vv. 21-22); Lc 12,22-34 (v.25); Lc 12,35-46 (v. 41); Lc 18,1-14 (v. 8). Las preguntas no pretenden probar o demostrar nada; simplemente invitan a los interlocutores a reflexionar y a responder.

Este tipo de análisis nos ayuda a entender que la literatura bíblica es concreta, y que la retórica bíblica no intenta imponer nada, sino indicar el camino, para que el lector libremente elija y decida. Si acaso, lo anima a seguirlo.

El análisis retórico tiene cuatro operaciones:

  • Reescribir el texto;
  • Describir el texto;
  • Resituar el texto;
  • Interpretar el texto.

“La interpretación no es externa o añadida respecto del análisis retórico; es su objetivo”. El exegeta puede ser inducido a privilegiar el ejercicio de una técnica, pero no debe encerrarse en ella. También él está al servicio de la vida; el primero y último objetivo de su actividad es el de hacer vivir el texto y ayudar a su lector creyente a vivirlo (R. MEYNET, Leggere la Bibbia. Un’introduzione all’esegesi. Bologna, 2004, 176-177).

A manera de recapitulación de lo dicho hasta aquí: Antes de comenzar el análisis de una perícopa particular, se supone una visión de conjunto de toda la Carta y una información básica sobre la misma: características literarias, intención con que fue escrita, contenido temático, problemática que enfrenta. Luego, se sitúa el texto que se va a analizar: en qué sección de la Carta se encuentra (puede ser al principio, en el centro de la argumentación, en la exposición doctrinal, en la exhortación, etc.), porque ese dato ofrece ya un primer elemento para su interpretación.

Luego hacer una lectura repetida y atenta de la sección en que se encuentra la perícopa, para ver cómo encaja en la argumentación: si continúa o comienza algo, si repite elementos o añade otros nuevos, qué vocabulario emplea. Es como ir de una visión más amplia hacia una más reducida. Pero es importante tener presente la visión amplia del texto, para poder penetrar acertadamente en el significado del pasaje que se quiere analizar.

Después de la consideración atenta de la sección, concentrarse en la perícopa concreta: cuál es su estructura (cuántas y cuáles son sus partes), sus expresiones principales, su vocabulario, si tiene repeticiones (que indicarían algo en el significado: subrayar algo, llamar la atención sobre un determinado aspecto); qué tipo de texto es, desde el aspecto literario: oración, himno, exposición doctrinal, exhortación, etc.; por dónde parece apuntar su contenido teológico-doctrinal; qué dificultades parece presentar.

 Del vocabulario, cuál o cuáles parecen ser las palabras centrales. Una vez identificadas, consultar un diccionario o vocabulario bíblico, para profundizar el significado de esa palabra o palabras.

Habiendo terminado el análisis de los diversos elementos del texto, habiendo recorrido los pasos de la exégesis que se habían propuesto, incluida la consulta a los comentarios, al final, hacer una reflexión de orientación pastoral, tratando de responder a la pregunta: qué me dice el texto, a mí en concreto, a mi comunidad, a la Iglesia actual. Es lo que corresponde a la Hermenéutica o a la proyección al hoy de nuestra realidad eclesial y mundial. Sólo hay que tener cuidado de no exagerar en querer encontrar a como dé lugar una aplicación concreta, pues el estilo bíblico, propio del mundo hebreo, a diferencia del griego, no trata de convencer ni de demostrar nada, sino sencillamente de proponer, de mostrar, y deja al lector en su reflexión y en su libertad, para que él decida y elija lo que le parezca más conducente, en el intento de encontrar la voluntad de Dios. Habrá textos que simplemente sugieran la verdad, a veces enigmáticamente, para provocar precisamente la reflexión y el examen, y eventualmente, ayudar al lector u oyente a llegar a una decisión. Tratar de encontrar una aplicación muy concreta puede desvirtuar, si no es que traicionar, la intención del autor. Se debe dejar a la Palabra inspirada que actúe con su propia fuerza en el corazón del creyente.

Ejercicio exegético: cuando se va a presentar el resultado de un trabajo, se debe indicar cuál es la versión de la Biblia utilizada. Cuando no se señala previamente la unidad textual que se va a analizar, se debe comenzar por delimitar dicha unidad. He presentado aquí las principales corrientes exegéticas actuales. En realidad, cada estudioso define su  propio método, toma de una corriente o de otra los elementos que le parecen más convincentes, para lograr el objetivo: desentrañar el significado del texto bíblico.

A manera de resumen, adjunto aquí un esquema de estas corrientes metodológicas:

EXÉGESIS HISTÓRICA TRADICIONAL (DIACRÓNICA):

  • ¿Cuál es el texto original?: Crítica Textual.
  • ¿Cuál es el lenguaje del texto?: Estudio filológico.
  • ¿Cuál es el género literario del texto?: Crítica Literaria (estilo, estructura literaria, aspectos gramaticales).
  • ¿Cuál es el origen y la historia de las tradiciones usadas en el texto?: Crítica de las Formas e Historia de la Tradición.
  • ¿Qué quiso decir el autor?: Crítica de la Redacción (quién fue el autor, cuál fue su teología, en qué circunstancias fue elaborado el texto, quiénes fueron sus destinatarios).

 

EXÉGESIS ESTRUCTURALISTA (SINCRÓNICA):

  • Delimitación de la perícopa.
  • Análisis gramatical: resolver las dificultades en la intelección del texto.
  • División de la perícopa en unidades menores.
  • Sintaxis: cuáles son los verbos principales, los verbos secundarios, las partículas significativas.
  • Palabras clave: palabras importantes (por su posición o por su número), representativas en la teología del autor; sinónimos.
  • Paralelismos, inclusiones, oposiciones, repeticiones.
  • El trasfondo cultural: el AT, en citas, temas; elementos judíos, elementos helénicos.
  • Conclusiones exegéticas.
  • Reflexión teológico-pastoral.

 

OTRA FORMA DE ESQUEMA METODOLÓGICO:

  • Delimitación del texto: secuencia, perícopa (límites); macro-unidades, pequeñas unidades.
  • El contexto: socio-político, cultural, histórico, religioso, literario.
  • Crítica Textual.
  • Elementos del texto:

-Análisis gramatical: vocabulario, expresiones, verbos, sujetos, datos espacio-temporales.
-Análisis semántico: oposiciones, repeticiones, palabras clave, estructuras (narrativas, temáticas, concéntricas); referencias bíblicas (textos paralelos del AT y del NT).
-Análisis pragmático: orientaciones para la acción.
5. Hermenéutica.

OTRO MODELO:

  • EL TEXTO:
  • Clarificar autor, lugar y fecha en que se escribe.
  • Distinguir el género literario: narración, parábola, mandamiento, escrito apocalíptico, carta, historia, etc.
  • Ubicar personajes, lugares, símbolos, palabras claves (si las hay).
  • EL CON-TEXTO:
  • Ubicar el texto en el contexto vital: geografía, lugares, símbolos.
  • Ubicarlo en su contexto histórico, social, religioso.
  • Ubicarlo en su contexto inmediato, en el hilo de la narración.
  • EL PRE-TEXTO:
  • ¿A quién escribe? ¿Por qué? ¿Para qué?
  • Señalar a qué preguntas claves (vitales, existenciales) intenta responder el texto.
  • Qué mensaje evidente quiere resaltar.
  •  Qué experiencia vital quiere compartir o iluminar.

 

EVALUACIÓN:

Al terminar cada Unidad de Aprendizaje, se pedirá un trabajo escrito, cuyas características (valor, contenido, extensión, fecha de entrega) serán indicadas al final de la Unidad. En cuanto al formato, los aspectos que serán tenidos en cuenta son:

  1. Por lo menos, corrección, y si se puede, elegancia en la presentación: atención a la ortografía y redacción.
  2. Claridad en la exposición.
  3. Profundidad en el pensamiento: índice de comprensión.
  4. Originalidad y creatividad en la organización de la información.
  5. Capacidad de reflexión y proyección a la actualidad (aplicación pastoral).
  6. La elaboración será en letra Arial 12 a espacio sencillo.

BIBLIOGRAFÍA (además de la que se indique, ocasionalmente, en las Unidades):

  • El texto de las Cartas Paulinas.
  • El texto de los Hechos de los Apóstoles.
  • BARBAGLIO, Giuseppe, La teologia di Paolo. EDB (Edizioni Dehoniane Bologna), Bologna, 1999.
  • --------------------, Pablo de Tarso y los orígenes cristianos. Ed. Sígueme, Salamanca, 1989.
  • BROWN, Raymond E., “The Pauline Letters”, en: An Introduction to the New Testament. The Anchor Bible, New York, 1997, 407-455.
  • Catequesis de S. S. Benedicto XVI sobre San Pablo, a propósito del Año Paulino, a partir del 8 de Julio de 2008, localizables en Internet (Documentos del Papa, en “Vaticano”).
  • DUNN, James D.G., The Theology of Paul the Apostle. Eerdmans, Michigan, 1998.
  • EICHHOLZ, Georg, El Evangelio de Pablo. Salamanca, 1997.
  • FITZMYER, Joseph A., “Introduction to the New Testament Epistles”, en: The New Jerome Biblical Commentary. Prentice Hall, New Jersey, 1988, 768-771.
  • LOPEZ, Marcelino, Fraternidad en el mundo. Estudio de Cristología Paulina. Sígueme, Salamanca, 1982.
  • McDONALD, Margaret Y., Las Comunidades Paulinas. Sígueme, Salamanca, 1994.
  • MURPHY-O’CONNOR, Jerome, Paul. His Story

Oxford University Press, Oxford, 2004.

  • Reseña Bíblica, San Pablo. Verbo Divino, 1995.
  • ROBINSON, John A.T., El Cuerpo. Estudio de Teología Paulina. Libros del Nopal, 1968.
  • SALAS, Antonio, Pablo de Tarso. El primer teólogo cristiano. Edic. Paulinas, 1994.
  • SANCHEZ BOSCH, Jordi. Nacido a tiempo. Una vida de Pablo, el apóstol. Verbo Divino, Pamplona, 1994.
  • VANNI, Ugo, Las Cartas de Pablo. Edit. Claretiana, Lima-Buenos Aires, 2002.
  • WEADERBURN, A. J. M., Paul and Jesus. Collected Essays. Sheffield, England, 1989.
  • WRIGHT, N. T., Paul: Fresh Perspectives

      SPCK, London, 2005.
------------- What Saint Paul really said

     Eerdmans Publishing Company, Grand Rapids, Michigan, 1997.